Secuenciar el genoma, una realidad al alcance de todos

La secuencia del genoma de una persona permite conocer el riesgo que la misma corre de padecer ciertos tipos de enfermedades, como cáncer, enfermedades neurodegenerativas y cardiovasculares, diabetes y otras. Muy pronto, todos podremos conocer esta información de nosotros mismos gracias al esfuerzo de varias empresas que trabajan para ofrecer este servicio por una módica suma de dinero.

Por el momento, la información que puede leerse en el genoma no es demasiada, pero se espera que esto cambie los próximos años. Los expertos en bioética señalan que lo importante no es lo nos pueda decir el genoma ahora, sino los que nos dirá en el futuro cercano, cuando se decodifique la acción de las redes de genes en un momento determinado del desarrollo. Entonces es posible que aparezca un efecto secundario de la generalización de la secuenciación de genomas: la pérdida de intimidad y la discriminación.

En previsión de esta indeseada consecuencia, en EEUU se aprobó recientemente el Acta de No Discriminación por la Información Genética (GINA en inglés), la cual prohíbe el uso inadecuado de esta información por parte de las aseguradoras y en las relaciones laborales. Es decir, impide que las aseguradoras suban las primas o deniegan cobertura a personas con mayor predisposición genética a sufrir ciertas enfermedades. Además, prohíbe a las empresas basarse en los genes para decidir a quién contratar, despedir o ascender.

En todo caso, es imparable el avance de la secuenciación barata, especialmente porque las empresas cuentan con la financiación de las propios Institutos de Salud Estadounidenses para el desarrollo de tecnologías que abaraten y aceleren la secuenciación.

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